04 Ago La IA redefine el mercado laboral. El verdadero reto es adaptarse al cambio.
Cada revolución tecnológica ha despertado temores similares. La mecanización, la informática o internet también hicieron pensar que determinados trabajos desaparecerían para siempre. Algunos lo hicieron. Muchos otros evolucionaron y aparecieron profesiones que nadie podía imaginar unos años antes. Con la inteligencia artificial probablemente sucederá algo parecido. La cuestión no es si la IA cambiará el empleo. Eso ya está ocurriendo. La cuestión es si empresas, administraciones y profesionales seremos capaces de convertir ese cambio en una oportunidad compartida. Porque el futuro del trabajo no dependerá únicamente de los algoritmos. Dependerá, sobre todo, de las personas que aprendan a trabajar con ellos.
Cada vez que aparece una nueva tecnología primero llega el entusiasmo, después el miedo y, finalmente, la realidad. Con la inteligencia artificial estamos viviendo ese mismo proceso, pero a una velocidad nunca vista.
Durante los últimos meses hemos leído titulares que anuncian el fin de millones de empleos, mientras otros prometen una era de productividad sin precedentes. Sin embargo, entre ambos extremos hay una realidad mucho más cercana: la de las personas que cada mañana van a trabajar preguntándose cómo cambiará su profesión en los próximos años por la IA.
Y esa es, probablemente, la conversación que realmente deberíamos estar teniendo.
El dato que ha encendido la alarma… y por qué conviene interpretarlo bien
Más allá de los titulares, el reciente estudio de Funcas sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral español ha marcado un punto de inflexión en el debate.
Según sus estimaciones, la inteligencia artificial podría provocar la desaparición de entre 1,7 y 2,3 millones de empleos en España entre 2025 y 2035. En el escenario más desfavorable, la cifra superaría los 3,5 millones de puestos de trabajo, mientras que en el más optimista se situaría en torno a los 700.000.
Son cifras que inevitablemente llaman la atención. Sin embargo, quedarse únicamente con ese dato sería ofrecer una visión incompleta de lo que plantea el estudio.
No toda destrucción de empleo implica una pérdida neta
El primer matiz es esencial. Las cifras anteriores hacen referencia a la destrucción bruta de empleo, es decir, a aquellos puestos de trabajo que podrían verse desplazados o profundamente transformados por la automatización. Pero el informe también analiza la otra cara de la moneda: la creación de nuevas oportunidades laborales derivadas de la implantación de la inteligencia artificial. Perfiles especializados en el desarrollo, la integración, la supervisión o el uso de estas tecnologías serán cada vez más necesarios.
En el escenario central, Funcas estima que podrían crearse alrededor de 1,6 millones de nuevos empleos, lo que reduciría la pérdida neta hasta aproximadamente 400.000 puestos de trabajo durante la próxima década.
Esto no significa que el impacto vaya a ser menor. Habrá sectores que experimenten cambios profundos y profesiones que tendrán que reinventarse. Pero sí cambia el enfoque… no estamos únicamente ante una historia de empleos que desaparecen, sino también de nuevos trabajos que surgen y de muchos otros que evolucionarán.
El contexto también importa
Otro aspecto especialmente relevante del estudio es que analiza este proceso en un momento muy concreto del mercado laboral español.
España cerró 2025 con el mayor nivel de ocupación de su historia, superando los 22,4 millones de personas empleadas. Paralelamente, la adopción de soluciones de inteligencia artificial por parte de las empresas prácticamente se duplicó en apenas dos años, pasando del 12,4% en 2023 al 21,1% en 2025.
Este contexto es importante porque cambia la forma de interpretar las previsiones.
La IA está llegando en un momento en el que las empresas siguen contratando y necesitan talento, no durante una etapa de destrucción masiva de empleo. Y eso hace que el reto sea diferente.
Más que una sustitución generalizada de trabajadores, el escenario que dibuja Funcas apunta hacia una profunda transformación del mercado laboral, donde la capacidad de adaptación será tan importante como la propia tecnología.
En ese sentido, el verdadero desafío no será únicamente cuántos empleos cambien, sino la rapidez con la que empresas, administraciones y profesionales sean capaces de adquirir las nuevas competencias que demandará esta nueva realidad.
La verdadera brecha será la de las competencias
Más que dividir el mercado laboral entre quienes tienen empleo y quienes no, la inteligencia artificial está empezando a marcar diferencias entre quienes saben aprovechar estas herramientas y quienes aún no han desarrollado esas competencias
Los datos apuntan claramente en esa dirección. Los profesionales con conocimientos en inteligencia artificial obtienen una prima salarial media del 56% respecto a quienes desempeñan el mismo puesto sin esas habilidades. Al mismo tiempo, las ofertas de empleo que requieren competencias relacionadas con la IA en España han pasado de 5.000 en 2018 a cerca de 39.000 en 2024, una evolución que refleja la creciente demanda de estos perfiles.
Esto significa que la IA, al menos por ahora, no está sustituyendo de forma masiva a los trabajadores. Está redefiniendo qué perfiles son más demandados, qué capacidades aportan más valor y cómo evolucionan las carreras profesionales.
La diferencia ya no estará únicamente en el puesto que se ocupa, sino en la capacidad para incorporar la inteligencia artificial como una herramienta de trabajo. Del mismo modo que hace dos décadas saber utilizar internet o una hoja de cálculo pasó de ser un valor añadido a una competencia básica, todo apunta a que el conocimiento de herramientas de IA seguirá un camino similar.
Cómo pueden prepararse las empresas para este nuevo escenario
Si la inteligencia artificial va a transformar la forma de trabajar, las organizaciones también deben transformar la manera en que abordan ese cambio. No se trata únicamente de incorporar nuevas herramientas, sino de replantear procesos, desarrollar talento y garantizar que la tecnología complemente el trabajo de las personas.
Algunas líneas de actuación pueden marcar la diferencia:
Analizar las tareas, no solo los puestos de trabajo.
El verdadero impacto de la IA no se produce sobre profesiones completas, sino sobre las tareas que las integran. Por eso, antes de preguntarse qué puestos podrían desaparecer, conviene identificar qué actividades son automatizables y cuáles seguirán requiriendo criterio, creatividad o interacción humana.
Apostar por la formación y el reskilling.
Muchos perfiles administrativos, técnicos o de soporte pueden evolucionar hacia funciones de mayor valor añadido, como la supervisión de sistemas de IA, el control de calidad de los resultados o el análisis de información. La clave está en anticiparse y ofrecer oportunidades de aprendizaje antes de que la transformación sea una necesidad urgente.
Mantener a las personas en el centro de la toma de decisiones.
La inteligencia artificial puede acelerar procesos y mejorar la eficiencia, pero en ámbitos sensibles es recomendable mantener un modelo de human in the loop, donde las decisiones relevantes cuenten siempre con supervisión humana. Este enfoque no solo reduce errores, sino que también refuerza la confianza y la responsabilidad en el uso de la tecnología.
Medir el impacto en términos de colaboración, no solo de sustitución.
Las organizaciones que están obteniendo mejores resultados son aquellas que utilizan la IA como una herramienta para ampliar las capacidades de sus equipos. Diversos estudios muestran incrementos de productividad de entre el 14% y el 40% cuando las personas trabajan con inteligencia artificial como apoyo, en lugar de utilizarla exclusivamente para reemplazar tareas.
En definitiva, la pregunta ya no es si la inteligencia artificial llegará a las empresas —porque ya lo está haciendo—, sino cómo gestionar esa transición para que genere valor tanto para la organización como para las personas que forman parte de ella.