01 Sep Entre cíclopes y algoritmos: una Odisea tecnológica
Todo proyecto tecnológico comienza con un destino, pero rara vez el camino es tan sencillo como parece. Sistemas heredados, datos dispersos e integraciones inesperadas pueden cambiar el rumbo. Como en la Odisea de Ulises, avanzar implica adaptarse a cada nuevo obstáculo. Porque en tecnología, llegar al destino también depende de saber navegar el camino.
Hay proyectos tecnológicos que empiezan con un objetivo muy concreto: migrar a la nube, modernizar aplicaciones, ordenar los datos o incorporar inteligencia artificial. Sobre el papel, el recorrido parece sencillo. Se define un punto de partida, se establece un destino y se prepara un plan. Luego aparecen los sistemas heredados, las integraciones que nadie documentó, los datos repartidos entre distintas aplicaciones y procesos que llevan años funcionando de una determinada manera.
El proyecto cambia de forma.
La tecnología tiene entonces algo en común con el viaje de Odiseo: conocer el destino ayuda, pero no dice demasiado sobre lo que puede ocurrir durante el trayecto.
Ítaca: tener un destino no basta
En La Odisea, Ítaca representa el lugar al que Odiseo quiere regresar. Su problema consiste en conseguir llegar hasta allí.
En una transformación tecnológica ocurre algo parecido.
Una empresa puede tener claro que quiere migrar su infraestructura a la nube. También puede saber que necesita mejorar la gestión de sus datos o automatizar determinados procesos con IA. El objetivo puede estar perfectamente definido desde el principio. Lo complicado suele aparecer cuando se empieza a trabajar sobre lo que ya existe.
Una aplicación antigua puede depender de otra que, a su vez, intercambia información con un sistema que nadie tenía previsto modificar. Una base de datos puede contener información duplicada. Un proceso manual puede haberse convertido, con los años, en una pieza necesaria para que varias áreas funcionen.
Por eso, antes de plantear una transformación tecnológica conviene conocer bien el punto de partida. El destino puede ser el mismo para dos empresas, pero el camino será distinto.
El cíclope: cuando el sistema que nadie quiere tocar se convierte en un problema
El encuentro con Polifemo es uno de los episodios más conocidos del viaje de Odiseo. El cíclope representa un obstáculo que no se puede ignorar y que obliga a buscar una salida.
En las empresas existen sistemas que cumplen una función parecida.
Son aplicaciones antiguas que siguen sosteniendo procesos importantes. Puede que ya no sean la mejor opción desde el punto de vista tecnológico, pero funcionan y sustituirlas implica riesgos. El problema aparece cuando se aplaza la decisión durante demasiado tiempo. La deuda tecnológica crece. Encontrar profesionales que conozcan determinadas tecnologías resulta más difícil. Las integraciones se vuelven más complejas y cualquier cambio requiere más precauciones.
Llegado ese momento, modernizar deja de ser una cuestión de preferencias tecnológicas. Hay que decidir cómo sustituir una pieza que todavía sostiene buena parte del negocio.
Las sirenas: el atractivo de la tecnología que promete resolverlo todo
Odiseo conoce el peligro de las sirenas y toma medidas para no dejarse llevar por su canto.
En tecnología también hay tentaciones.
La inteligencia artificial ofrece hoy posibilidades que hace pocos años parecían lejanas. Automatizar tareas, generar código, analizar grandes cantidades de información o crear asistentes para determinadas funciones ya forma parte de muchos proyectos empresariales. El problema aparece cuando la herramienta precede a la necesidad.
Una empresa puede incorporar IA a un proceso que todavía está mal definido. Puede automatizar una tarea que consume mucho tiempo porque está mal diseñada. Puede desplegar una solución avanzada y descubrir después que los datos necesarios están incompletos.
Antes de elegir una tecnología conviene formular una pregunta bastante menos atractiva, pero mucho más útil: ¿Qué queremos solucionar? La respuesta debería determinar la herramienta, y no al revés.
Circe: cambiar la tecnología cambia también el trabajo
Cuando Odiseo llega a la isla de Circe, sus compañeros sufren una transformación que altera el curso de la historia.
Las transformaciones tecnológicas tienen una consecuencia menos mitológica, pero muy concreta: cambian la forma de trabajar.
Una nueva plataforma modifica procesos. La automatización elimina algunas tareas y crea otras. Un sistema de IA puede hacer que determinadas decisiones pasen a apoyarse en recomendaciones generadas por una máquina. Esto afecta a las personas que utilizan la tecnología cada día.
Por eso, una migración o una implantación tecnológica necesita considerar desde el principio cómo trabajarán los equipos después del cambio. La formación, la comunicación y la definición de nuevas responsabilidades forman parte del proyecto.
Una plataforma puede estar correctamente configurada y, aun así, generar problemas si las personas que deben utilizarla no entienden qué ha cambiado.
Escila y Caribdis: elegir qué riesgo asumir
El paso entre Escila y Caribdis obliga a Odiseo a navegar por un espacio en el que cualquier decisión tiene consecuencias.
En tecnología ocurre algo parecido con algunas decisiones de arquitectura.
Mantener un sistema antiguo reduce el riesgo de una migración inmediata, pero aumenta la dependencia de una tecnología que puede quedarse sin soporte. Sustituirlo permite modernizar la infraestructura, aunque introduce nuevos riesgos durante la transición.
Algo similar sucede con los datos. Centralizar puede facilitar su gobierno y explotación, pero requiere cambios importantes en la arquitectura y en la organización. Mantener sistemas independientes puede resultar más sencillo a corto plazo, aunque dificulta obtener una visión conjunta de la información.
No siempre existe una respuesta perfecta. Lo que sí puede hacerse es conocer las consecuencias de cada opción y decidir con ellas sobre la mesa.
El mar: navegar entre datos que no siempre están donde deberían
Gran parte del viaje de Odiseo transcurre en el mar. Para una empresa actual, ese mar puede tener una traducción bastante clara: los datos.
Información repartida entre aplicaciones. Registros duplicados. Bases de datos que utilizan criterios diferentes. Datos que pertenecen a un departamento y que otro no puede consultar fácilmente. Todo esto adquiere más peso cuando entra en escena la inteligencia artificial.
Los modelos necesitan datos para funcionar. Si la información está incompleta, desactualizada o mal estructurada, el resultado puede verse afectado. De ahí que muchas iniciativas de IA terminen llevando la conversación hacia cuestiones menos visibles: quién es responsable de cada dato, dónde se almacena, cómo se actualiza, quién puede acceder a él y qué reglas deben aplicarse a su utilización.
La IA puede acelerar determinados procesos. Para que esa aceleración tenga sentido, primero hay que saber con qué información se está trabajando.
Penélope: mientras unos avanzan, otros mantienen la casa en funcionamiento
Mientras Odiseo permanece fuera, Penélope sostiene Ítaca y encuentra su propia manera de resistir el paso del tiempo.
En las organizaciones existe una situación parecida que suele quedar fuera de las presentaciones de los grandes proyectos tecnológicos.
Mientras un equipo desarrolla una nueva plataforma, alguien tiene que mantener funcionando la anterior.
Mientras se prepara una migración, los sistemas actuales siguen dando servicio.
Mientras se implanta una herramienta de IA, los procesos existentes continúan.
La transformación tecnológica convive durante meses, y en ocasiones durante años, con la tecnología que pretende sustituir. Gestionar esa convivencia requiere planificación. También exige equipos capaces de trabajar sobre lo nuevo sin descuidar lo que todavía sostiene la actividad diaria.
Ítaca de nuevo: el proyecto termina, el trabajo continúa
Odiseo llega finalmente a Ítaca. En una empresa, completar una migración, desplegar una plataforma o poner en producción una solución de IA también puede parecer el final del viaje.
Pero ahí empiezan otras preguntas.
¿Está utilizando el equipo la nueva herramienta como estaba previsto? ¿Se están obteniendo los resultados esperados? ¿Qué procesos necesitan ajustes? ¿Qué problemas han aparecido después de la puesta en producción?
Una transformación tecnológica no queda resuelta cuando desaparece la última tarea del proyecto.
La tecnología sigue cambiando y las necesidades del negocio también. Por eso, algunas decisiones que hoy parecen definitivas pueden necesitar revisión dentro de unos años.
Quizá esa sea una de las ideas más útiles que deja el viaje de Odiseo para quienes trabajan en tecnología: llegar a Ítaca importa, pero conocer el camino recorrido también. Porque muchas de las decisiones que determinan el éxito de una transformación se toman mucho antes de alcanzar el destino.